Asalto al Capitolio.. y a un chico de Barcelona

Asalto al Capitolio.. y a un chico de Barcelona

Asalto al Capitolio.. y a un chico de Barcelona

Asalto al Capitol .. y un chico de Barcelona

Cerramos una semana en la que se han producido un conjunto de hechos relevantes. Hechos que  formarán parte de los libros de historia.

El asalto al Capitolio, es sin duda un hecho relevante. Si los atentados del 11-S significaron un ataque a la hegemonía de Estados Unidos, el asalto al Capitolio ha sido el símbolo del ataque a la democracia.

Es difícil saber valorar lo que hay realmente detrás del ataque. Los motivos  se intuyen complejos y espesos. Y una muestra clara de ello es la falta de actuación previa y preventiva de la policía. A nadie se le escapa que este hecho, no es casual. La dimisión del jefe de la policía no es más que un signo para tapar el verdadero motivo. Cinco muertos.

Mi reflexión de hoy no tiene como objetivo hacer un análisis político, sinó que mi motor sigue siendo el liderazgo transformacional.

Pero esta semana ha habido un hecho más cercano geográficamente que me ha impresionado especialmente. El ataque a un joven en Barcelona: una salvajada.

Pero ¿Qué me permite vincular en mi reflexión, el asalto al Capitolio y el ataque a un joven en Barcelona?
La violencia gratuita.

Un grupo de personas, sin ningún motivo, sin ninguna implicación directa, hacen de su vida diaria una exhibición de acciones violentas contra inocentes.

  • ¿Qué hay dentro del cerebro de las personas que atacan a un chico?
    A un chico inocente que no hizo ni el mínimo gesto para provocarlos.
  • ¿Qué mueve a un grupo importante de personas a asaltar y destrozar un Parlamento?

Se podría decir en el caso del Capitolio, que su desacuerdo con la política. En el caso del chico es más claro: no hay ninguna lógica ni explicación.

La necesidad de ser violento, es un síntoma claro de que nuestra sociedad clama para ser educada en valores. El planeta entero debe hacer un cambio de modelo educativo.

Es prioritario que el respeto a los demás sea el centro de las acciones de todos.

Hay quien confunde el respeto a los demás, con la abnegación o la claudicación. NO.

Todos debemos luchar cada día para conseguir que acaben las injusticias en el mundo, que todos tengamos una vida digna, que acaben los abusos de poder y que todos nos comprometamos en la sostenibilidad del planeta.

Pero esto sólo se puede hacer si educamos en valores y enseñamos educación emocional.

Todos sentimos impotencia y rabia en ocasiones. Pero en función de nuestra educación, sabemos gestionarla y no tiramos piedras a la cabeza del vecino, del contrincante o de qjuien nos molesta.

Puede parece la reflexión de hoy un canto a “un mundo happy“. Nada más lejos.

Todos nosotros debemos pensar en que no hay otra camino que el de asumir las propias responsabilidades. Dejar de hablar de valores y actuar por valores. Una palabra que usamos a menudo con mucha ligereza.

Y es el momento que necesitamos preguntarnos:

  • ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para contribuir a eliminar la violencia?
  • ¿Qué podemos hacer para tratar mejor al adversario, en caso de que lo tengamos?
  • ¿Cómo respetamos a los demás?

Es momento para reflexionar seriamente, -también los políticos-, sobre cómo justificamos, normalizamos o trivializamos un asalto al Capitolio, el Parlamento o la agresión a un chico en medio de Barcelona.

Pero esto no va dedicado sólo a los demás. Buena parte de las respuestas están dentro de nosotros.

.¿Por qué sentimos rabia y lo hacemos pagar a los demás?
¿Por qué nos podemos permitir justificar la violencia?

El siglo XXI no debe permitir ni por un segundo la violencia.

Todos nosotros somos responsables de fomentar un mundo de paz, de respeto y de diálogo. Nuestra acción diaria tiene un efecto directo, sea por acción o por inacción.

Aprendamos a actuar por valores. Cuesta mucho. Pero ha llegado de comprometernos a hacerlo.

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