El líder sabe poner límites

El líder sabe poner límites

El líder sabe poner límites

El líder sabe poner límites

Una de las acciones más difíciles a las que nos enfrentamos en nuestra vida es aprender a decir “NO”.

Todos sabemos cuando tenemos que poner límites a nuestra manera de hacer y  a nuestros “si”.

Algunas personas son asertivas y también saben poner límites de forma natural.

Otros, navegan durante años entre los “si” permanente a las demandas -excesivas- de los demás y al exceso de generosidad, mezcladas con el sentimiento de comodidad (les hace sentir bien hacerlo) y a la vez con la incomodidad que les supone hacerlo (porque saben que exceden por un tema personal pendiente de resolver).

¿Por qué unas personas saben decir “no” cuando sienten que debe decir “no” y otros dicen “si” de manera infinita sintiéndose mal por hacerlo?

Los fundamentos de esta manera de actuar las tenemos que encontrar en nuestra infancia. Nuestro sistema emocional se construye principalmente en los primeros años de nuestra vida. A menudo cuento en conferencias y cursos que, la mayoría de personas hemos crecido siendo muy queridos por nuestros padres y entorno, pero no todo el mundo se ha sentido querido cómo deseaba o cómo necesitaba. Esto tiene impacto en la vida adulta.

Tampoco todos hemos sabido querer cómo se esperaba que lo hiciéramos.

En la medida en que nos hemos sentido “bien queridos”, hemos creado un sistema emocional más sólido.

Hay otras causas que conforman nuestro sistema emocional, pero en los primeros años de nuestra vida encontramos buena parte de las razones de cómo reaccionamos en la edad adulta.

El liderazgo incorpora la capacidad de aprender a decir que “sí” y a decir que “no” cuando nos corresponde.

El liderazgo se aprende y como tal, los adultos debemos saber enfrentarnos a la dificultad que nos supone poner límites a nuestros excesos (en el sí y en no)  y al de los demás.

Los del “si infinito” dicen que son los demás quienes  se extralimitan en sus demandas superando los límites de la propia “generosidad”. Y es cierto que es así. Hay personas que piden sin límites y sin tener en cuenta el esfuerzo que supone para quien les responde.

Pero para unos y para otros, poner “límites” es un ejercicio de aprendizaje.

Dicho de una manera genérica, los que piden sin límite, buscan la atención de quienes les dan respuesta. Y el que da respuesta a los que pide sin límite, o incluso al que da  a quien no pide o pide poco, también busca el reconocimiento del otro.

Todos tenemos la obligación de aprender a ponernos límites porqué todos sabemos si pedimos más de la cuenta o si ofrecemos más de lo que nos piden o de lo que estamos preparados para dar y recibir en un justo equilibrio.

Saber poner “límites” en un sentido y en otro también forma parte del desarrollo de nuestro liderazgo.

Quizás la respuesta está en querernos y valorarnos más a nosotros mismos sin esperar que lo hagan los demás, porqué en definitiva cada uno tiene su propia historia.

Reflexionemos y tratemos de aprender a hacerlo.

Deja tu comentario

Name
E-mail
Website
Tu mensaje

Atención: Mediante el envío de este formulario declaras haber leído y aceptado el Aviso Legal.