Liderazgo: profesionalidad y equilibrio emocional

Liderazgo: profesionalidad y equilibrio emocional

Liderazgo: profesionalidad y equilibrio emocional

Liderazgo: profesionalidad y equilibrio emocional

Históricamente nuestra sociedad ha puesto énfasis en las competencias técnicas. Esto llevado a la práctica significa que fundamentalmente damos toda la importancia a los conocimientos adquiridos. Es así cuando hablamos de un buen médico cuando ha estudiado en las mejores universidades y ha trabajado en hospitales relevantes. O hablamos de un buen arquitecto si éste ha hecho edificios que han recibido un importante premio o reconocimiento.

Podríamos seguir poniendo ejemplos de profesionales que tienen un excelente currículum.

Para quienes me conocen, ya sabéis que hay una frase que digo a menudo: “el conocimiento es casi tan importante como el aire que respiramos o el pan que comemos”. Si bien es cierto que el agua y los alimentos son imprescindibles para nuestra supervivencia, el conocimiento, en otro sentido también lo es.

El conocimiento adquirido nos da la capacidad de poder comprender a los demás, de entender visiones y opiniones diferentes…

Pero a pesar de esta metáfora no puedo dejar de poner en el mismo nivel la importancia de haber desarrollado un importante equilibrio emocional para ejercer la profesión.

¿Cuántos de nosotros no conocemos a personas que:

* sienten celos de otros
* llegan cada día a trabajar de mal humor
* responden con tono agresivo
* buscan culpables por todas partes de todo lo negativo en el trabajo o los incomoda a ellos mismos
* son incapaces de establecer relaciones de confianza con las demás personas
* critican a todos ya todo lo que ven
* trabajan entorpeciendo el trabajo de los demás
* piden ser el centro de atención en todo momento
* juzgan permanentemente a los demás
*…

Éstas son algunas de las acciones que invalidan a un profesional, incluso muy bien formado.

Hoy son muchas las personas que tienen importantes conocimientos técnicos, pero el equilibrio emocional es el que tiene una acción directo en las competencias actitudinales y por tanto, para ejercer con éxito la profesión.

Todos nosotros tenemos la obligación personal de hacer una mirada interior para saber cuántas de nuestras acciones son una respuesta a nuestras carencias y cómo respondemos, en consecuencia.

Es momento de ampliar conocimientos cada día de nuestra vida y por eso debemos pedir que la formación a lo largo de la vida, sea mucho más que un eslogan y pase a ser una realidad.

Pero también es el momento de que todos nosotros nos responsabilizamos de nuestro equilibrio emocional y nos hagamos responsables de nuestras acciones y del impacto que tenemos en los demás.

Hoy no podemos permitirnos un mundo de profesionales sin equilibrio emocional, -siempre dinámico-, pero equilibrio al fin y la cabeza.

Hagámoslo.

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