La crítica sin construcción no es liderazgo

La crítica sin construcción no es liderazgo

La crítica sin construcción no es liderazgo

La crítica sin construcción no es liderazgo

Vivimos en un mundo  presidido por el egocentrismo. De alguna forma, todos contribuimos a hacer que el mundo gire a nuestro alrededor.

Nos quejamos. Criticamos. Pedimos a los demás que se comprometan, que sean respetuosos, que nos tengan en cuenta, que resuelvan lo que no funciona y que para hacerlo pasen a la acción. Las personas no queremos problemas, queremos soluciones y especialmente queremos que se resuelvan los problemas que nos afectan directamente o nos mueven las emociones.

Y demasiadas veces, cada uno de nosotros nos situamos en nuestra zona protegida, en la que nos permitimos hacer o no hacer, decir o no decir, -cuando nos conviene-, cuando queremos, cuando no nos atrevemos o cuando nos apetece .

Que cómodo nos es criticar y exigir a los demás!

Y .. nosotros, ¿qué aportamos para ayudar a  encontrar las soluciones?

Las personas somos críticas por naturaleza. Y cada vez más, nos hemos habituado a la crítica como norma.
Todos podemos expresar desacuerdos y describir lo que consideramos que no funciona bien o que puede funcionar mejor. Incluso podemos decir, que tenemos la obligación de hacerlo.

Pero la primera obligación individual es aportar para construir.

Y claro que algunas veces para construir hay que cambiar las condiciones, los dirigentes o las actuaciones.

Un ejemplo claro es lo que hacemos los ciudadanos con los gobiernos o con los directivos de las organizaciones. Basta con ocupar un lugar en el gobierno, da igual en el nivel gubernamental que sea, o un lugar de responsabilidad directiva, para comprender la dificultad de resolver lo que en otros momentos tanto habíamos criticado.

La política actual está en crisis. El modelo actual no funciona. Es cierto. La forma de hacer política actualmente está totalmente fundamentada en la crítica. El “tú contra mí “y el “yo contra ti.”
Los ciudadanos estamos cansados. Queremos soluciones.

En nuestro quehacer diario, los ciudadanos de pie debemos aprender a construir para cambiar lo que consideramos que no funciona, pero haciéndolo desde la responsabilidad y sabiendo diferenciar la crítica como hábito, del compromiso para mejorar la sociedad.

Hay quien confunde la actitud de construcción con rendir pleitesía a los gobernantes. Nada más lejos.

Tener una actitud activa para construir es mucho más difícil que criticar.

Hay que distinguir la crítica, -de la responsabilidad de promover el cambio de lo que no funciona-, con la aportación de soluciones desde el compromiso y la responsabilidad.

La visión es radicalmente diferente. Criticar es fácil. Construir, aportar y conseguir promover el cambio es mucho más costoso y difícil.

El liderazgo incluye la actitud constructiva para promover la mejora.

Dejemos la crítica como “deporte” y comprometámonos a mejorar lo que no funciona.

Desgraciadamente en este momento de la historia, hay muchas situaciones injustas que nos alarman (elevadísimo paro, trabajo precario, sistema sanitario y educativo infradotados y infravalorados, medio ambiente, inmigración, movilidad …).

Construir para mejorar requiere de coraje y liderazgo.

Hagámoslo.

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