¿Políticos de por vida?

¿Políticos de por vida?

¿Políticos de por vida?

¿Políticos de por vida?

Esta semana tenía una interesante conversación con un joven universitario, doctorante, investigador, inquieto, curioso, interesado en la reflexión y en el pensamiento y por tanto en la política. Él me hablaba de que creía en el compromiso y la voluntad de servicio para contribuir a mejorar la sociedad.

Entró a militar en un partido. Asistió a algunas cenas y reuniones. Pronto le explicaron que no podía discrepar de la línea marcada por los dirigentes. Lo dejó.

Me hablaba de una primera generación de políticos con amplia formación universitaria y conocimiento que habían marcado una época de la democracia. Los había leído a todos y de hecho, ahora es discípulo de los alumnos de éstos.

En el análisis coincidíamos en que hoy la política está formada por los profesionales de la política. En sí mismo, este concepto no tiene por qué ser negativo. En la sociedad necesitamos personas dedicadas y entregadas a la política. Los mejores políticos, sin duda, tendrían mejores sueldos en las empresas privadas.

Actualmente ser político tiene un coste muy alto. Más allá de no tener horarios, aparte del trabajo que realizan durante el día, hay que añadir vísperas, noches y fines de semana de partido y de relaciones con la sociedad. Además la falta de respeto a las redes sociales, les guste hagan lo que hagan o digan lo que digan. No es fácil ni el horario ni resistir la crítica demagógica en todo momento, a menudo llena de mentiras.

El problema es que las personas que se dedican a la política deben saber y poder diferenciar el seguidismo a sus dirigentes, –digan lo que digan, hagan lo que hagan- teniendo opinión propia y ser consecuentes.

Ser coherente con uno mismo y dejar la política cuando tienes claro que los dirigentes del partido defienden opciones que no coinciden con tus valores, con tu pensamiento es difícil. Pero es imprescindible.

Demasiadas veces se produce una divergencia entre lo que defienden los dirigentes de un partido y dirigentes políticos y el pensamiento del propio partido.

Y los militantes, los seguidores permanecen. Sí. Es el sueldo el que muchas veces empuja a políticos y asesores(?) a seguir en su sitio, pero también el ego, el sentimiento de relevancia social, el coche oficial cuando está ahí, el sentido de pertenencia al partido que te da un sentido de “ser”, el entorno social que te construye el partido con el que convives, el relato que te viene dado y no debes construirlo, el dejarse llevar por un pensamiento elaborado…

No se trata sólo de pedir que las personas no se queden en la política toda la vida. Está bien decir que la profesión de político permanente no debería existir, pero también hay que decir que es difícil aprender la profesión y ocho años a veces son pocos por haber aprendido y aportar con calidad.

Defiendo la profesión de la política como una profesión forjada con rigor y con calidad.

El objetivo es el liderazgo por valores. Debemos tener políticos que actúen con honestidad y con coherencia con el pensamiento, con lo que defienden los estatutos que sostienen al partido. Deben saber defender con acciones los valores por los que el partido se creó y lo que defienden en campaña electoral.

Humildad es una de las palabras. Humildad para reconocer que las motivaciones personales deben quedar siempre por detrás de los intereses de los ciudadanos.

Está claro que por eso es necesario aprender liderazgo transformacional o ético. Es aprender a funcionar de acuerdo a los valores. ES saber que para formar parte de un partido,  tus valores y los del partido deben ser coincidentes y ser coherente y valiente para actuar de acuerdo con ellos. Y como no puede ser de otra forma, dejar la política o el partido cuando esto no se da.

El joven doctorante universitario lo tuvo claro. Esto es lo que debemos hacer todos y nuestros políticos deben aprender a ser líderes transformacionales.

Se lo he ofrecido a los políticos mil veces. Cuesta mucho. Los egos y necesidad personales por el momento están ganando.

Mi esperanza son los jóvenes de hoy. Ellos creen en la política por valores.

El se despidió de mí en la conversación pidiéndome bibliografía sobre ética. No hace falta decir más.

¡Con jóvenes como él, puedo confiar en  el futuro de la política!

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