Liderazgo: es ser valiente para ser coherente

Liderazgo: es ser valiente para ser coherente

Liderazgo: es ser valiente para ser coherente

Liderazgo es ser valiente para ser coherente

El mundo actual es complejo. La competitividad es una constante en el mundo social y profesional. Hoy más que nunca, actuamos según el modelo biológico en el que el comportamiento humano es el de depredador-presa.

En el mundo animal se lucha por cazar y en definitiva para comer. Los humanos también lo hacemos. Pero en nuestro mundo existen más elementos. La comida es fundamental aunque debemos añadir los recursos básicos para vivir: pagar la vivienda, la luz, el agua y el gas. Con los precios actuales, nada fácil.

Los humanos además añadimos: el consumismo y la componente social.

Todo este conjunto de elementos deben poder o deberían casarse con el respeto a nuestros valores.

Ya he dicho en muchas ocasiones que las personas tenemos o deberíamos tener la obligación de saber cuáles son nuestros valores y tener el coraje de actuar de acuerdo con ellos.  Desgraciadamente hoy no es lo más común en políticos, dirigentes o medios de comunicación para detallar algunos…).

La competitividad en la que estamos inmersos nos ponen ante una constante lucha para tener que decidir sobre el respeto a nuestros valores o bien disponer de todo este conjunto de necesidades,  –más o menos superfluas-, a las que la sociedad de hoy teóricamente nos obliga.

Es más fácil ceder a las condicionamientos sociales que ser fieles a nuestras convicciones. Actuar de acuerdo a nuestros valores requiere de coraje para ser coherentes.

Además  las personas tenemos la capacidad de sabernos convencer a nosotros mismos de que huir de nuestra coherencia tiene todo el sentido del mundo, porque la “necesidad” obliga.

Y es así: en muchas ocasiones la necesidad obliga. Dar de comer a nuestros hijos y darles un techo y una educación nos obliga. Pero quedar bien con otras personas, seguirles el hilo de pensamiento que realmente no compartimos y seguir con parafernalias sociales sin contenido, no lo justifica.

El liderazgo va de esto, de tener la capacidad de ser sinceros con nosotros mismos y de tener el coraje de defender lo que tiene sentido y   en lo que realmente creemos.

Pensemos en personas que admiramos y veremos cómo de ellas destacamos la valentía por haber sido coherentes consigo mismas y no haberse entregado a las exigencias sociales, traicionándose.

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